Antes de Manzanares 2180
Alentado por los recuerdos de mis hermanos, arremeto con los míos que, por supuesto, arrancan unos años antes.
Nací el 5 de febrero de 1927 en una casa de la calle Perú al 600. Pero mis primeros recuerdos se ubican en un departamento de la calle Cevallos, casa que ya no existe, desde cuya terraza vi caracolear los caballos de la policía montada durante la revolución que derrocó al presidente Yrigoyen (1930). Desde allí escuchábamos los balazos, claro que yo no tenía idea de lo que estaba sucediendo.
Otro recuerdo como pantallazo, es el de mi tío Ricardo colocando un estante de madera en la cocina.
Y un juego que hacía en la escalera, con una especie de cigüeña embalsamada que me había regalado el dueño de casa !vaya regalo! la colocaba en un peldaño, subía unos escalones y la volteaba después de un manotazo, una y otra vez asombrándome cuando la veía caída.
Los dueños vivían abajo y eran espiritistas. cosa que a mi madre le atemorizaba porque por la noche se oían ruidos. Nosotros viviamos arriba.
También recuerdo de esa época, las visitas al médico, Dr. Morrone, a las que mi padre me llevaba engañado, diciéndome que íbamos a visitar al tío Ricardo. Y seguía la farsa, preguntándole a la enfermera si estaba el tío, seguramente guiñándole un ojo, porque ella nos hacía pasar asintiendo.
Nací el 5 de febrero de 1927 en una casa de la calle Perú al 600. Pero mis primeros recuerdos se ubican en un departamento de la calle Cevallos, casa que ya no existe, desde cuya terraza vi caracolear los caballos de la policía montada durante la revolución que derrocó al presidente Yrigoyen (1930). Desde allí escuchábamos los balazos, claro que yo no tenía idea de lo que estaba sucediendo.
Otro recuerdo como pantallazo, es el de mi tío Ricardo colocando un estante de madera en la cocina.
Y un juego que hacía en la escalera, con una especie de cigüeña embalsamada que me había regalado el dueño de casa !vaya regalo! la colocaba en un peldaño, subía unos escalones y la volteaba después de un manotazo, una y otra vez asombrándome cuando la veía caída.
Los dueños vivían abajo y eran espiritistas. cosa que a mi madre le atemorizaba porque por la noche se oían ruidos. Nosotros viviamos arriba.
También recuerdo de esa época, las visitas al médico, Dr. Morrone, a las que mi padre me llevaba engañado, diciéndome que íbamos a visitar al tío Ricardo. Y seguía la farsa, preguntándole a la enfermera si estaba el tío, seguramente guiñándole un ojo, porque ella nos hacía pasar asintiendo.

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